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VIAJANDO ANDO ~ Laberintos de Venecia

Escena N° 1: La Bocca del Labirinto

La llegada en tren a Venecia parece surrealista en cuanto uno abandona la costa de San Giuliano, a través del Puente de la Libertad y recorre el largo trecho sobre la Laguna Véneta que los separa.

Indudablemente es una ciudad que impacta ni bien uno pone pie en ella. Enmarcado por interminables canales con lanchas y vaporettos que a diario —y sin descanso— llevan a miles de turistas de un lado al otro, Venecia es una ciudad donde instantáneamente se hacen carne un sinfín de imágenes que uno ha visto en algún momento: desde viejos filmes como “El Casanova” de Fellini a películas de James Bond como “Casino Royale”.

Saliendo de la terminal de tren, se encuentra la Piazzale Roma. Allí sale el Vaporetto (aboné 7 EUR por un billete de 60 minutos), transporte colectivo por excelencia, que me llevará a mi primera parada: La Basílica de San Marcos.

Crédito Foto: Son of groucho

Al bajar del Vaporetto la escena se asemeja más a un festival de música, que a un puerto romántico. Un millar de turistas se mueven como cardúmenes de peces por la rambla asoleada, al tiempo que vendedores ambulantes ofrecen sus recuerdos y artesanías con insistencia y a viva voz. Solo dos cuadras me separan de la Piazza San Marco pero, con tanta gente, estos metros se hacen eternos. Accedo por un pasaje junto al Palacio Ducale que desemboca en la puerta de la basílica, el punto más bajo de la ciudad.

La Piazza está rodeada por edificios con galerías inmensas, donde pueden encontrarse algunos cafés, gellaterias y negocios de artículos de lujo de diseñadores reconocidos. A la derecha de la basílica se encuentra la “Torre dell´Orologio”, una torre construida en 1499 que contiene el reloj más importante de Venecia. En él existe una representación de un León de San Marcos contra un fondo nocturno, mientras que dos figuras en bronce oscurecido, conocidos como los «Moros», están en pie en lo alto. Este emblemático reloj funciona y allí se puede ver a las figuras dando la hora.

A la derecha, hay una calle llamada “Mercería dell´Orologio”, a la que cariñosamente denominé como la boca de entrada al laberinto y a la cual tomé de referencia como inicio y punto de regreso para mis incursiones.

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Es importante programar el recorrido antes de iniciar la travesía por esos pasillos. La tarea de ubicarse y tomar referencias visuales se hace prácticamente imposible debido a la cantidad de gente circulando. Es muy común dar vueltas en círculo, ya que los carteles de los distintos sitios de interés no están claramente señalizados.

Pueden optar por guiarse con un mapa impreso pero les aseguro que es un error: he visto cientos de turistas pasarse entre cinco y diez minutos tratando de ubicar dónde se encuentran y adónde quieren dirigirse. Es imprescindible contar con un Smartphone con GPS y; en caso que no posean línea telefónica ni 3G en Italia, deben utilizar una aplicación que les permita ubicarse offline. Hay apps donde se puede descargar el mapa de cualquier lugar del mundo, sin necesidad de tener red wifi para visualizar tu ubicación.

En mi caso descargué una app llamada “MAPS.ME”. Bajé el mapa de Venecia y añadí puntos de referencia útiles: el hotel donde me hospedo, los sitios que quiero visitar, locales gastronómicos y, por supuesto, “la boca de entrada al laberinto” donde –por cierto– hay una fantástica gelateria.

A solo dos cuadras se encuentra mi alojamiento. Voy a registrarme y a dejar mis cosas para poder salir a almorzar, no sin antes dejarles al final de la nota, algunos sitios sobre dónde encontrar información importante para su llegada.

***

Escena N° 2: De Libros y Minotauros 

Después del check-in en el hotel es hora de enfrentar el laberinto. Comienzo mi recorrido por la calle Spadaria hasta llegar a la Chiesa di San Giuliano, una de las tantas iglesias atrapadas en medio de los corredores y pasillos. De estilo renacentista fundada en 832 d.c.; y restaurada en 1050 d.c. luego de un incendio, es una pequeña iglesia con hermosos techos y paredes decorados con terciopelo que data del siglo XVI. Allí descansan los restos de Tommaso Rangone de Ravenna, médico y erudito quien, gracias a su aporte, contribuyó al rescate edilicio tras el abandono de 1533. Sobre el arco de la puerta hay una estatua de bronce de Rangone sosteniendo una rama de guayaco y una raíz de zarzaparrilla, ingredientes de su cura contra la sífilis; cura con la cual forjó su inmensa fortuna. Esta iglesia permanece abierta todos los días de 9 a 19hs y la entrada es gratuita.

Rodeando la iglesia se encuentra la calle Campo de la Guerra. Camino por allí cruzando un puente, que, por primera vez, me deja ver las famosas góndolas decoradas en tonos negros y dorados. Munido del GPS logro sortear los pasillos inundados de negocios y mares de turistas con sus “selfiesticks”, hasta llegar al primer destino de hoy: la librería “Acqua Alta”. Llegando casi al final de la calle Lunga Santa Maria Formosa me reciben tres gatos que parecen custodiar la entrada. Alrededor hay artesanos trabajando en las típicas máscaras de carnaval, a través de los ventanales cristalinos puedo observar su minuciosidad y destreza.

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El lugar se asemeja más a un mercado de pulgas que a una librería. En el medio del salón,  hay una góndola de madera antigua que está repleta de libros en su interior. A un costado, castillos de libros apilados y una bañera que alberga cientos de ejemplares de historietas infantiles y pequeños y grandes objetos de decoración rodean el lugar. El local tiene pasillos de libros, habitaciones con bibliotecas hasta el techo y un patio lateral donde hay miles de ejemplares herrumbrados a la intemperie. Al fondo del local hay un patio donde me encuentro con una escalera y un “camino de ronda” al estilo de un castillo medieval, hecho completamente de libros antiguos atados de a decenas, como si fuesen bloques de piedra carcomidos por la humedad y por el tiempo. Decididamente el lugar es obra de un amante de los libros. En esta librería se respira una atmósfera especial y brinda una experiencia fascinante a sus visitantes. Se ubica en calle Longa S. Maria Formosa 5176/b y abre todos los días de 9 a 20hs.

Como mencioné antes, el GPS es de suma utilidad para guiarse, pero deben saber que no es infalible. Algunas veces la altura de los edificios en calles tan estrechas impide que funcione correctamente. También hay que estar atentos, ya que existen infinidad de pasillos que terminan en un canal sin puente por donde cruzar. Gran parte de descubrir Venecia se rata de pasear sin estar tan pendientes del camino, pero es recomendable ubicarse de tanto en tanto, ya que los puentes que unen el tramado de la ciudad no son abundantes, y es común desandar camino para encontrar por donde cruzar.

Sigo camino hacia la Basílica di Santi Giovanni e Paolo. Con su estilo gótico italiano es una de las iglesias más grandes de Italia. Hecha enteramente en ladrillo posee el estatus de basílica menor, con interiores majestuosos en mármol y madera. Alberga monumentos funerarios de personajes ilustres como los pintores Giovanni Bellini y Palma il Giovane, así como también la de 25 dogos o dux, magistrados supremos y máximos dirigentes de las repúblicas marítimas de Venecia y Génova. Su reliquia principal es uno de los pies de Santa Catalina de Siena. Se la puede visitar todos los días de 07.30 a 18.30 horas. La entrada general cuesta 3,50 € y 1,50 € para estudiantes. Todos los jueves por la tarde hay visita guiada gratuita: a las 16.30 en italiano y a las 17.30 en inglés.

Mi siguiente objetivo es llegar al Puente de Rialto. En el camino paso por la casa donde nació Marco Polo. No es una atracción turística que llame la atención, ya que no hay mucho que ver, más que una placa conmemorativa, pero para mí es una cuestión más representativa, como en la librería Alta Acqua: no puedo más que pensar en ese recién nacido descubriendo el mundo a través de esa ventana —maravillado— sin saber la historia que escribiría a lo largo de su vida.

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Fuente: Get your guide

El tramo entre la casa de Marco Polo y la iglesia de San Giovanni Crisóstomo se sintió como un auténtico laberinto, con el minotauro bufando y asomando sus cuernos por esquinas ciegas. Existen a lo largo de la Calle del Milion varios pasillos que conducen a lugares “secretos” y túneles que terminan en pórticos de casas o en viviendas derruidas por el agua y apuntaladas, que muestran sus entrañas de ladrillo y madera. Continúo mi marcha por la Salizada San Giovanni Crisostomo en dirección norte e intuyo que me acerco a destino al ver la muchedumbre apiñada.

Llego al Rialto, es hora de almorzar, de reponer energías y de descansar un poco del desfile militar que supone caminar por arterias llenas de gente que viene y que va. Me dirijo hasta un pequeño lugar solo a unas cuadras cruzando el Ponte di Rialto. Me han dicho que vale la pena tanto como para desandar camino y volver al Rialto, a apreciar su belleza. Llego a All´Arco, un pequeño lugar en la calle Sestiere San Polo 436, famosos por su Spritz Aperol y sus bocados culinarios. “Cameriere! Una Spritz , per favore!’’

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Escena N° 3: El despertar de los cinco sentidos

Después de un almuerzo frugal regado de Spritz Aperol, desando mis pasos en dirección al Ponte Rialto a través del Mercado Rialto. Se trata de un lugar sumamente colorido y se divide en dos zonas: La Pesheria, donde puedes encontrar el pescado más fresco de toda Venecia, traído por los mismos pescadores de la zona, para ser vendido por los mercaderes durante el día. Pueden verse lenguados, sardinas, calamares, salmón, sepia y bogavantes sobre vitrinas de hielo con precios variados. Entre el bullicio puedo ver a un pescador trayendo orgulloso un pez espada negro de unos 2 metros de largo listo para venderse.

El segundo sector del mercado es donde predominan las frutas y las verduras. Al ser verano, muchos de los puestos venden frutas que ofrecen ya cortadas y colocadas en bandejas para la venta, pero les recomiendo tomarse unos minutos para comparar precios y optar por las frutas sueltas, ya que suelen ser las más económicas. La escena es una explosión de color:  frutas apiladas en cajones, expuestas en anaqueles, donde hay naranjas, manzanas, uvas, y pimientos de colores variados, que recorren toda la paleta, desde el naranja brillante de las mandarinas, hasta un verde fluorescente en los coliflores romanos. Junto con los aromas de las especias, las texturas y los gritos de los vendedores del lugar, todo parece en un festín para los sentidos.

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Crédito Foto: Venezia Unica

El Puente Rialto es bellísimo. Es el más antiguo de los cuatro puentes que cruzan el Gran Canal de Venecia. Fue construido entre 1588 y 1591 por el arquitecto Antonio de Ponte, como reemplazo del anterior puente de madera, ya que éste se había derrumbado dos veces y había sido quemado en otra ocasión. Pese a la cantidad de gente pude acodarme en una de sus barandas para ver pasar los botes y las góndolas, mientras comía unas cerezas que compré en el mercado. La estructura del puente se asemeja a la de sus antecesores: dos rampas inclinadas unidas por un pórtico en el medio. Es sin dudas una de las postales de Venecia y su belleza arquitectónica.

Mi próximo destino es el Museo Peggy Guggenheim y, para ello, opto por tomar un Vaporetto que me deja a unas pocas cuadras. A la vera del puente de Rialto está la terminal de ferrys. Tomo la línea 2 en la Terminal “C” que va por el gran canal, en dirección a Ponte dell’ AccademiaDato importante: La línea 2 es más rápida y hace menor cantidad de paradas que la línea 1. Rodeo por el lado izquierdo a la Galeria Dell’ Accademia hasta llegar a la calle Nuova San’Agnese. Camino por allí donde cambia de nombre a Piscina Forner y luego a Calle della Chiesa hasta llegar a Fondamenta Venier dai Leon. Quedo maravillado por el Rio de la Toreseie, que separa esta calle de Fondamenta Zorzi, su gemela. Al fondo encuentro la entrada al Museo*

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Crédito Foto: © Solomon R. Guggenheim Foundation, New York.

La Colección Peggy Guggenheim es considerada una de las mejores colecciones de arte moderno de Europa. En ella destacan grandes piezas de artistas de la primera y segunda mitad del siglo xx. Entre los movimientos representados en el museo están el cubismo, el futurismo, la pintura metafísica, la abstracción, el surrealismo y el expresionismo abstracto. Cuenta con obras de Picasso, Dalí, Pollock, Kandinsky, Braque, Duchamp, Rothko, Léger, Mondrian, Klee, Magritte y Modigliani, entre otros. También hay obras alrededor del jardín principal que son imperdibles: Consagra, Giacometti, Holzer, Graham, Richier, Anish Kapoor, Miró, Moore, Paladino, Yoko Ono, David Smith, Arp, Hamak, Minguzzi, Calder, entre otros artistas. El recorrido lleva al menos 2 horas para poder disfrutarlo, ya que hay muchísimos asistentes y obras por visitar.

En particular me impactó la obra de Anish Kapoor que está junto a los toilettes: Un monolito de granito negro que al acercarse crea una ilusión óptica fantasmagórica de uno mismo. Durante mi estadía, poca gente notó el detalle que existe frente a la obra: hay un triángulo en el piso que indica desde qué punto caminar hacia ella, para poder observar la mencionada ilusión óptica.

El museo cuenta con una confitería vidriada donde tomar un café y observar el bello jardín que alguna vez fuera el jardín del Palazzo Venier dei Leoni. Hacia el fondo del jardín puede verse la obra que Yoko Ono le regaló a Peggy Guggenheim. Se trata, nada menos, que del “Árbol de los deseos”, allí la gente deja colgados en sus ramas, papeles con deseos escritos.

Salgo en dirección a la Basílica di Santa María della Salute para tomar el Vaporetto línea 1, hacia San Marco (la primera parada, o también pueden volver por el Ponte dell’Accademia y caminar hasta la Piazza San Marco). En mi caso utilicé el Vaporetto para no perder tiempo ya que deseo llegar lo antes posible a mi siguiente destino: El Snack Bar da Piero, un sitio que me han nombrado muchos amigos y viajeros, con opiniones tan opuestas que despertó mi curiosidad. Cruzando la Piazza San Marco se encuentra la calle dei Fabbri, luego de atravesar el puente y recorriendo la calle hasta  el final, se puede ver el pequeño local.

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Fuente: winebardapiero

El lugar se asemeja al interior de un barco antiguo, con una barra en madera y mármol rojo y una zona de comedor donde caben  siete personas. Allí se puede beber algo a pie, en la puerta, utilizando unos barriles de madera, a modo de mesas improvisadas. El bar es caro si uno busca economizar, pero la experiencia bien puede valerlo. Fui atendido por su dueño, un hombre osco para quien pretende “servicialidad turística”, pero muy correcto y amable si uno se relaja y disfruta de su humilde morada, un sitio exquisitamente particular. Piero sirve café, snacks, bebidas y licores. Ya es hora de relajarme y disfrutar mi copa de vino mientras veo a los transeúntes pasar bajo la luz del atardecer. Alla tua salute, amici!

TIPS ÚTILES 🖋

Horarios y Tarifas del Vaporetto

📝 Ver aquí


MAPS.ME

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Museo Peggy Guggenheim: De miércoles a lunes, de 10 a 18 hs. Martes cerrado. Entrada para adultos 15 euros, sin audio guía.


Snack Bar da Piero

Las bebidas de 10 a 15 euros. Los snacks de 7 a 20 euros.


Crédito Portada: Tommy Tow

Tommy Tow Ver todo

Columnista & Redactor | Músico y Escritor. Co-Conductor de Nunca Se Sabe. Editor de contenidos de Baires Digital & Engramm Web |
Contacto: tommy.tow@somos.berlin

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