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REPORTAJE ~ Gabriel Battaglia: 30 años de Tango en Alemania

En este reportaje, conversamos con el guitarrista de tango y folclore Gabriel Battaglia, que está celebrando sus 30 años como residente en Alemania. Nos habla de sus orígenes, su recorrido y su experiencia viviendo la música Argentina en Europa. Además indagamos sobre sus próximas presentaciones y su actual proyecto como solista en Berlín.

 

¿Cómo fueron tus inicios? A los 6 años comenzaste con la guitarra, pero ¿quién te acercó a la música?

Siempre vivíamos la música en casa. Se tocaba mucho folclore por ese entonces y también era una época muy política, previa a la llegada de la dictadura. En casa había una guitarra que me habían comprado, una Casa Núñez, era el instrumento que usaban todos los que venían de visita. Yo no le prestaba mucha atención a la guitarra pero recuerdo una tarde de invierno, donde mi madre nos dijo algo que seguramente haya tenido que ver con la elección de ser músico.

Mi madre nos abrazó a mi hermano y a mí y nos dijo que “quería que nosotros tocáramos la guitarra, que hiciéramos la música de nuestro país”. Creo que tenía que ver con que mi madre se sentía un poco frustrada siendo ama de casa y cuidándonos a nosotros mientras mi padre trabajaba para mantenernos. Ella deseaba algo distinto para nosotros, algo más ligado a sus orígenes. Mi abuelo materno era canoero y arpista en Corrientes, y mis tíos además de carpinteros también eran músicos. Mi madre consiguió una maestra de guitarra cerca del Antiguo Mercado del Abasto, allí fui junto a mi hermano para que —de paso—él también pudiera aprender. Con el tiempo, como buenos hermanos, competíamos tratando de superar al otro.

Tu madre apoyaba tu vinculación con la música e incluso fue quien te motivó a que sea un oficio… ¿y tu padre?, ¿cómo era tu relación con él?

Mi padre era descendiente de italianos y no era de tocar música. Tampoco de hablar mucho y tenía una forma de ser muy cerrada. Él hablaba con nosotros a través de mi madre. Nunca tuvimos mucha comunicación con él. Como toda familia, pasamos distintas épocas en lo económico, para el 78 se compraron una farmacia en el barrio de Lanús, y con eso cambió un poco el panorama.

Ahí ya podían comprarnos cosas como instrumentos. Mi viejo quería que estudie para farmacéutico, pero conmigo era para pleitos. Él quería que trabajara allí pero era algo muy difícil dada nuestra relación, así que para tomar las clases que quería, me iba a trabajar a otro lado. Primero como cadete, luego en un negocio que hacia muebles de caña en el barrio de Once y después fui jardinero: tuve mi vivero en el barrio de Flores, tenía mi auto, hacia jardines, balcones, y mientras tanto estudiaba música.

Todos los artistas tienen sus referentes, íconos o aquellos que los inspiraron en su carrera, en tu caso, ¿qué músicos te influenciaron y cómo fue tu proceso de aprendizaje?

Mi proceso de aprendizaje comenzó en las reuniones que se hacían en casa. Allí aprendí mirando y escuchando a mis tíos, así como a los músicos que nos visitaban. En ese tiempo tenías que esforzarte aprendiendo con un profesor y escuchando a cuánto músico pudieras para tener la mayor cantidad de información posible para mejorar. También dependías de cuanta información podía brindarte tu profesor. Hoy en día tenés prácticamente todo lo necesario en internet, lo que también implica un acercamiento distinto al conocimiento.

Actualmente hay un grado de profesionalismo que antes no había gracias a ese acceso a la información. En cuanto a mis referentes, estaban los artistas que venían tocando cuando era chico, gente como Jaime Torres, Hernán Figueroa Reyes, Mercedes Sosa, Los Indios Tacunau y el Chango Farías Gomez quien realizaba los encuentros de los “Amigos del Chango”; ahí estaba yo dando el presente cada vez. Por supuesto que aprendía muchísimo de los músicos que los acompañaban, pero sobre todo era el empeño de uno en aprender escuchándolos atentamente.

Con tanta influencia del Tango y el Folclore, supongo que la primera canción que aprendiste fue en relación a alguno de esos géneros. ¿Recordás cuál fue el primer tema que aprendiste en guitarra?

“Yesterday” de Los Beatles (risas) Aprendí mucho del cancionero moderno de la época, temas de Sui Generis o Luis Alberto Spinetta, así como también otras canciones que servían para tocar en reuniones con amigos. Al mismo tiempo  escuchaba a guitarristas como Roberto Grela y Oscar Alemán. Pero nunca fui de sacar los temas de otros tal cual lo tocaban.

Me interesaba escuchar el género y el ritmo, pero no lo imitaba…lo hacía propio. Nunca me gustó tocar los temas tal como sonaban en el disco original. Siempre preferí hacer mi versión de lo que escucho, tener un estilo propio. Mi hermano tenía un Taller de Desgrabación y sacaba los temas nota por nota, pero a mí nunca me gustó mucho eso.

Además de la guitarra también tocas el charango, ¿cómo fue tu acercamiento a este instrumento?

Empecé en el año 82, tenía 16 años. Estaba muy interesado en aprender a tocarlo por los artistas que venía escuchando, y mi amigo Valdo Delgado me recomendó a su propio profesor, Rolando Goldman. Justamente con Valdo debutamos tocando un dúo de charangos por en las fiestas que realizábamos en la escuela, para reunir fondos para el viaje de Egresados. Tocamos tres canciones y al finalizar la gente nos aplaudió eufóricamente. Años después también estudié con el maestro Pablo Trosman.

Foto: Tommy Tow
Foto: Tommy Tow

EXPERIENCIA EN ALEMANIA

En Argentina, Gabriel “El negro” Battaglia fue parte de un grupo de música andina, junto al pianista Hernán Pagola, pero esta no fue su única incursión, ya que además tocaba folclore con fusión de jazz con «Los Chassaingos» junto a varios ex-miembros del afamado grupo “Membrillar”.

Después de los años viviendo en Argentina, ¿cómo llegó la idea de emigrar?, ¿cómo surgió la idea de venirte a Europa?

Inesperadamente. Mi amigo Valdo había venido a Europa a tocar tres meses en el 88 y le había ido muy bien. Al año siguiente me dijo que se venía a vivir acá, así que me sumé, pero con la idea de venirme a tocar con él por tres meses. Finalmente en Marzo del 89 fui hasta Palermo, en Italia, en un vuelo interminable de Aeroflot. Luego comenzamos a viajar hacia el norte de Italia y tocando en distintas ciudades, pero se ganaba muy poco, aunque lo suficiente para pagar comida y alojamiento.

Estuvimos tres meses viajando por distintos lugares hasta que llegamos a Milán. Desde allí nos fuimos a Berna, en Suiza. Un amigo nos prestó un auto con el que nos movíamos libremente. En esa época tocábamos en muchos lugares, nos pagaban muy bien y podíamos ahorrar. Estuvimos ahí dos meses, y para ese entonces ya tenía decidido quedarme a vivir en Europa.

A partir de ese momento, entonces, ¿cuál fue el determinante que te llevó a tomar la decisión de instalarte en otro país?

Yo vine queriendo trabajar como músico y me di cuenta de que acá se podía vivir de la música. En Buenos Aires era imposible: te pagaban poco y encima con retraso. Después me encontré con las dificultades de vivir en el extranjero estando lejos de mi país, de mi gente.

Tomo mate todas las mañanas pero algunas cosas cambian. Si bien nunca perdí el contacto con Argentina, de a poco me fui alejando de algunas formas de pensar y del enfoque que tenía ante ciertas cosas. Incluso recuerdo cosas que pensaba viviendo allá, y ahora no me reconozco. Esa cosa de la polarización ineludible en cualquier ámbito, yo ya no me la creo. Pensar que estas con la camiseta de un club de futbol y el otro te quiere agredir solo por ser de otro equipo, no cabe en mi visión actual. Una cosa es la pasión por el club y otra cosa es pensar que el otro es tu enemigo, como si se tratara de una guerra.

¿Cómo llegó la decisión de vivir en Alemania?

Para Julio del 89 nos fuimos a Stuttgart. Había un grupo llamado “Semblanza” que tenía un manager argentino alemán. Cuando llegamos nos dimos cuenta que no era un “manager”, era más bien un intermediario con muchos contactos que los ayudaba a conseguir lugares donde tocar a cambio de un porcentaje.

Decidimos quedarnos en Stuttgart donde había un “Tango Restaurant” y comenzaban a abrir varios lugares para bailar tango. Allí también conocí a la madre de mi primer hijo Nahuel; quien hoy tiene 28 años y vive en California trabajando como diseñador de autos inteligentes. Mi segundo hijo es Diego, quien ya tiene 18 años y es fruto de una relación posterior. En Stuttgart viví 18 años hasta que en el 2007 vine a tocar a Berlín con el Trio Battaglia, donde conocí a Duna Rolando con quien nos casamos en 2009.

¿Cómo se conocieron con Duna?

Teníamos una actuación con el Trio Battaglia en el “Tango Festival de Berlín”, y ella era amiga de los músicos y bailarines de Tango que vivían acá. Asistió a nuestro show y conversamos. También se dio la casualidad que yo estaba alojándome en la casa de un amigo que vivía en la esquina de su casa por lo que nos podíamos mantener en contacto fácilmente.

Comenzar a construir una vida fuera del país de origen no es algo sencillo, imagino que habrás tenido que pasar por, quizás, otros empleos o circunstancias que te llevaron a donde estás hoy, ¿fue así o cómo fue?

Sí, de hecho en Stuttgart hubo una época difícil en la que estuve trabajando como roadie en una sala grande de conciertos donde armé para grupos como el de Tina Turner y otros grandes que pasaban por allí. Pero siempre seguí desarrollándome como músico, aprendiendo de todos los que me cruzaba. Para mí siempre fue recorrer el camino del aprendizaje diario.

Hoy en día veo muchos músicos que primero aprenden todo y luego salen a tocar. Por suerte un día me llamaron para tocar en un grupo alemán temas de Astor Piazzolla y retomé mi sendero con la música. Fue una época muy linda, con músicos profesionales dedicados por completo al grupo y en un ambiente muy agradable. Era una época donde no había muchos argentinos; apenas había un grupo que se juntaba a jugar futbol contra equipos extranjeros y siempre terminaban a las trompadas. Tampoco era de estar muy en contacto con ellos. Me pasé años enteros sin hablar español.

Tal vez hoy, con la cantidad de gente y cosas que hay se puede decir que Berlín no se siente Alemania, en comparación si vivís en un pueblito alemán te sentirías totalmente aislado. En Stuttgart hay tal vez más dinero para hacer, ganaba más pero acá hago cosas que me satisfacen más relacionadas a la música.

Por ejemplo, trabajo en una escuela junto a una musicoterapeuta con chicos con discapacidades tanto motrices como emocionales. Gracias a mi habilidad con la música y los instrumentos que toco puedo acoplarme enseguida para acompañar las necesidades musicales del grupo. Ahí encontré algo que me gusta hacer, es una satisfacción muy grande estar ayudando a chicos que de otra manera estarían prácticamente encerrados en sus casa sin hacer nada. En la escuela los hacemos ensayar, participan activamente de las actividades que realizamos y ellos lo disfrutan mucho.

Además de músico también sos maestro Reiki, ¿cómo surgió eso?

Creo que eso tiene mucho que ver con quién soy yo. Astrológicamente estoy relacionado con la figura del “Sanador Herido”. Mi abuelo materno era medio brujo por lo que creo que también viene un poco de ahí. Empecé con el Reiki de forma intuitiva, pudiendo curar primero dolores de cabeza hasta que una vez logré detectarle y sanarle un dolor en los riñones a mi esposa, un dolor que los médicos no lograban diagnosticar. Ahí me metí más seriamente y durante largo tiempo también me dediqué a ello. Pero la música siempre está en primer lugar.

Para terminar de tentar a los lectores de esta nota, contanos de tus shows y  proyectos actuales

Hace más de tres años estoy haciendo “Tangos en la Gloria” junto a Duna Rolando y Elisa Martell una vez al mes en el restaurant “Gloria” en el barrio de Kreuzberg. Hago también una serie de shows con “La Berlinga” junto al bandoneonista Tato Viña así como acompaño a varios músicos en distintos shows.

También estoy trabajando con un proyecto que tenía ganas de hacer hace tiempo que es grabar unos discos como solista. Aún estoy buscando los músicos correctos pero de momento estoy haciendo algunas fechas en “Vinería Carvalho”, propiedad de un amigo español; donde toco solo con mi guitarra.

Tengo la idea de incorporar a un contrabajista muy bueno con el que aún tengo ver si hay buena química, ver si podemos tocar de manera orgánica y no solo con una partitura al frente. Pero la verdad es que hay muchos buenos músicos, hay uno con quien me gustaría trabajar, es un bandoneonista correntino que estuvo hace poco de paso por Berlín que se llama Marco Antonio Fernández, un tipo muy suelto y que se nota disfruta mucho tocando. Acompañé durante mucho tiempo a otros músicos, así que se ha vuelto una necesidad grabar algo propio para dejarle a las próximas generaciones.

Tommy Tow Ver todo

Columnista & Redactor | Músico y Escritor. Co-Conductor de Nunca Se Sabe. Editor de contenidos de Baires Digital & Engramm Web |
Contacto: tommy.tow@somos.berlin

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