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FOTOGRAFÍA ~ Daniela Heinemann: «No creo en la fotografía como concepto en singular.»

SOMOS BERLÍN PRESENTA

Daniela Heinemann es hija de argentinos, nació en Quito, y vive en la capital alemana desde hace tres años. En esta nota nos comparte su parecer sobre Berlín, así como sobre sus horizontes inmediatos (y a futuro), en relación a su pasión artística: la fotografía.

 

¿Cómo describirías tu pasión por la fotografía?

Fotografiar para mí es una manera muy particular de relacionarme con el mundo y con mi entorno. No creo en la fotografía como concepto en singular. Cada experiencia es distinta y diversa, y eso es, justamente, lo que la hace tan maravillosa. Llegar a una ciudad desconocida y salir a descubrirla con cámara en mano, no es lo mismo que buscar rincones en el barrio donde creciste. Aunque pueda sonar contradictorio, cuando estoy detrás de una cámara me siento invisible. Las calles, los rincones y las personas miran a la cámara, mas no me miran a mí. Cuando esto ocurre es cuando siento que la energía fluye y puedo apretar el obturador.

¿Cuándo y de qué modo recuerdas el nacimiento de tu interés por este arte?

Durante muchos años, mi padre se dedicó a la fotografía y sus historias despertaron mi interés desde niña. Fue él quien por primera vez me explicó de la ley de los tercios, me habló del contraste y me hizo comprender lo que era la velocidad de obturación. Recuerdo que teníamos un armario repleto de diapositivas, entonces armábamos la pantalla y prendíamos el proyector, un domingo de lluvia, y la familia se reunía para ver antiguas fotos que mi padre había tomado a lo largo de su vida, Este recuerdo de mi infancia es el nacimiento de mi fascinación por la fotografía. También por haber escuchado historias como cuando mi padre me contaba que los primeros rayos de sol de la madrugara marcaban el final de una larga noche, en aquel laboratorio que había armado con un amigo en Buenos Aires, o cuando mi madre reía recordando cómo había que frenar el coche en el medio de la nada, durante los paseos, porque él quería tomar una foto. Esas son las cosas que dieron nacimiento a mis ganas de jugar con la mirada y poder captar instantes para siempre.

En tu biografía dices que la fusión de distintas culturas es algo que siempre ha estado presente en tu vida, ¿cómo conviven y se conjugan estas fusiones en ti y en tu búsqueda?

¡Abrazando la diversidad! Nacer en Quito, ir a un colegio alemán y ser hija de argentinos genera un laberinto mental cuando alguien te pregunta de dónde eres. Me solía incomodar la mirada atónita de algunas personas al escucharme hablar con tonada quiteña y en medio de la conversación soltar una porteñada. Hoy, en cambio, celebro esas fusiones tomando mate en Berlín después de comer un ceviche con patacones.

Recuerdo que, unas semanas antes de viajar a Buenos Aires para comenzar mis estudios universitarios, mi padre me dijo que mi hermano y yo somos la primera generación de la familia en poder viajar por elección propia y no por persecución política, dictaduras o guerras. Entendí la responsabilidad que tenemos y la importancia de defender la libre movilidad humana y luchar así por un mundo más diverso y tolerante.

Quisiéramos que nos cuentes sobre tu Muestra Luz-2010. ¿Qué has podido abordar en esta experiencia? ¿Cómo surgió la idea de realizarla?

La idea surgió en una noche de copas con un amigo en Buenos Aires. Nos enfrascamos en una conversación a cerca de la identidad y la idiosincrasia porteña. Tras varias horas llegamos a la conclusión de que nuestro mundo tiene muchísimos aditivos: historia, música, migración, fútbol, política… Surgió la idea de ironizar varios hitos que marcan (o marcaron en ese entonces) la llamada identidad porteña. Empezamos a recolectar frases que están inscriptas en el imaginario colectivo rioplatense, y conceptualizamos distintas situaciones en las cuales un mismo personaje interactuara con ellas. Nos divertimos muchísimo imaginando las locaciones, planificando los visuales y fotografiando en nuestro tiempo libre. Luego se abrió la convocatoria para las exposiciones en el marco del Festival de la Luz 2010 y nos la jugamos aplicando con lo que habíamos creado. Celebramos muchísimo al ser aceptados en una bellísima sala de exposiciones en San Telmo, barrio tradicional de Buenos Aires.

Sobre tu experiencia en Berlín, desde hace 3 años estás aquí, ¿qué lugares te gusta frecuentar y explorar? ¿Cómo te ha tratado la ciudad?

Tres años son apenas un abrir y cerrar de ojos para descubrir Berlín. No paro de encontrar lugares maravillosos: un cine en una casa tomada al que entras por una ventana, un parque con cierta nostalgia aristocrática en medio de Neukölln, una peña folklórica cerca del Kotti, una milonga en un patio trasero escondido tras de la S-Bahn… Esta ciudad te invita a explotar la curiosidad, a no quedarte con una fachada sino a ver qué hay más allá, a arreglar el mundo conversando con una persona desconocida en un Späti, a perderte y volver a encontrarte (o no).

La fotografía es un arte que, aunque tiene una base, va mutando constantemente. ¿Cuál es tu visión respecto a la fotografía actual? ¿La notas estancada, en evolución, en un nivel sostenido de novedades, recursos y modos? ¿Qué puedes decir como observadora y parte activa?

La fotografía actual: ¿cuál?

A nivel macro, las sociedades se transforman: hoy nos preocupan temas que antes dábamos por naturalizados, nos hacemos preguntas que años atrás no tenían cabida. A nivel micro ocurre lo mismo. Cada persona cambia: vive, llora, ríe, sufre, ama… Así, la mirada también cambia. ¡Bienvenidas sean las transformaciones!

¿Proyectos actuales y a futuro?

Volver a la fotografía análoga. Me traje de Ecuador la antigua cámara de mi padre, una Icarex del año 1966. Tras varios años haciendo fotografía digital, quiero volver a disfrutar del ritmo pausado de lo analógico e ir un poco en contra de la inmediatez que, hoy por hoy, nos apabulla. Mi primer invierno en Berlín lo sufrí mucho por la falta de luz. Ahora, en cambio, resignifico esa obscuridad planificando cómo armar mi laboratorio en casa y espero con ansia la llegada de las noches largas para sumergirme en la luz roja y sentir el olor de los químicos en mis manos.

 

Portada: Daniela Heinemann


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