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FICCIÓN ~ Bajo la higuera, por María Bautista

*Por María Bautista

 

Había sido amor a primera vista. En aquel verano de 1998 yo quería viajar a París, pero mi novio de turno, un estudiante de historia obsesionado con la Guerra Fría, acabó convenciéndome de que nos fuéramos allí. Estaba lloviendo a mares cuando nos bajamos en la estación de Zoologischer Garten y siguió lloviendo cuando salimos del metro y buscamos la habitación que habíamos alquilado una semana junto a Görtlitzer Park. Llovió durante una hora seguida sin descanso, pero luego el cielo se abrió y nos compramos una cerveza y fuimos al parque y ahí, en aquella explanada horadada por alguna de las miles de bombas que cayeron en Berlín durante el asedio de abril de 1945, sentí que yo también había sido atacada y vencida. Y que ya nunca sería la misma.

Como siempre que una se enamora de repente, es imposible decir qué había puesto en marcha el mecanismo del amor. Quizá fueron las familias turcas arremolinadas junto a una parrilla donde se churruscaban verduras, salchichas y pollo, o aquellos dos tipos extraños que jugaban al frisbee con la despreocupación de quien no tiene nada mejor que hacer. Quizá fue el cielo repleto de pinceladas rosas o la visión lejana de la torre de la televisión, con su bola de discoteca en lo más alto y su antena puntiaguda. Quizá fueron los edificios de colores que abrazaban al parque, con sus grandes ventanales en cuyos quicios se sentaban jóvenes despreocupados, que bebían cerveza y aspiraban el humo de un cigarro. Era el ambiente en sí. Esa sensación de que todo era posible, de que las normas estaban escritas para otros, de que allí solo debías entregarte al placer de la risa, a disfrutar de aquel sol de verano tras la tormenta. Sentí ganas de llorar de felicidad.

Dieciséis años después, seguía enamorada de mi ciudad gris, de sus cicatrices en el asfalto, de sus pintadas por doquier. Pero nuestra relación se había vuelto imposible. Me dolía demasiado. Por eso estaba ahí, en aquella cola de embarque, volviendo a donde juré no volver. Marchándome de donde prometí no marcharme nunca. Jugueteando nerviosa con mi DNI y mi tarjeta de embarque y con tantas ganas de salir corriendo en dirección contraria que por un momento mis piernas se flexionaron dispuestas a empezar la carrera mientras gritaba a todo el mundo que no, que aquello era una tontería, que no era tiempo de volver. Quiero recuperar mis maletas, le diría a la operaria de Air Berlin. Verá, es que he cambiado de idea y quiero que me devuelvan mi equipaje, me da igual que esté ya metido en bodega, lo quiero, es mío. Y montaría una pataleta indignada por no poder recuperar las maletas con las pertenencias que habían sobrevivido al regreso, que no había vendido, regalado o tirado. Tendría que perder mucho tiempo porque los alemanes son cuadriculados, por mucho que no quieran que se lo recuerdes y te digan que es un tópico, pero no lo es, porque la mayoría carece de imaginación y se descoloca cuando alguien se salta el protocolo, así que tendría que ponerme muy pesada para que entendieran que no iba a subir a ese avión y que mis maletas se irían conmigo porque eran mías, todo lo que me quedaba en este mundo, y no pensaba abandonar el aeropuerto sin ellas.

—Entschuldigung, Ihren Personalausweis.

Una azafata con la sonrisa automática puesta me miraba con apremio. Ah, sí, disculpe, aquí está. Clara Ferrán Martínez, nacionalidad española, y una tarjeta de embarque como una sentencia de muerte.

No había marcha atrás.

No había billete de vuelta.

 

 

*Fragmento de Bajo la higuera, publicado por Maclein y Parker


 

Foto: Noé González

María Bautista (Salamanca, 1982). Hija y nieta de maestros, creció en Alcalá de Henares y estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. En 2010 recibe el accesit en la modalidad infantil de la XIII Edición de los Premios de Cuentos Ilustrados de la Diputación de Badajoz con la obra Palabra de árbol. Desde ese momento se embarca, junto a la ilustradora Raquel Bonita, en el proyecto literario y editorial Cuento a la vista, con el que ha publicado Cuentos diferentes para niños diferentes (2013), Las ciudades de colores (2013) y Cuentos para leer con los abuelos (2014). En 2018 aparece su última publicación infantil hasta el momento: Moussa suena (Bookolia). En 2013 emigra a Berlín, donde reside desde entonces. Bajo la higuera es su primera novela.

 

Sobre la editorial:

Maclein y Parker lleva en activo desde el año 2014 y cuenta con cuatro colecciones: Taiga, de narrativa, en la que tiene veinticinco títulos publicados hasta la fecha entre novela y colecciones de relatos; Mirto, la dedicada a poesía, con dieciséis títulos publicados; Clematide, dedicada a textos ilustrados, en la que tienen cabida obras que destacan por la sintonía entre la palabra y la imagen, aportando al libro un valor como objeto; y Alerce, dedicada a ensayos sobre arte y literatura. La editorial destaca por su cuidado al detalle tanto en las ediciones como en el trabajo con los autores, lo que se ha convertido en una de sus señas de identidad.

Contacto: María +49 15770218711 – vestidoarayas@gmail.com

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Portada: Mike Kotsch


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