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ARTES PLÁSTICAS ~ Krasna Vukasovic: «Berlín es pura melancolía»

Krasna Vukasovic nació en Chile, más precisamente en Santiago. Desde 2015 se desarrolla como artista plástica. En esta nueva nota de SOMOS BERLÍN PRESENTA te acercamos la historia de esta pintora sensible y creativa que emigró a la ciudad hace poco tiempo.

Krasna Vukasovic

¿Cómo describirías tu pasión por las artes plásticas?

Más que una pasión considero al arte como mi profesión. Tiendo a relacionar la constancia y disciplina con eso, con un aspecto profesional, y pasión me resulta un término un poco débil y meloso, sin mucha sustancia. Prefiero referirme a esa pasión como impulso o motivación, aquello que empuja mi quehacer artístico. La creación es un proceso donde se busca comprender el mundo sensible u objetual.

¿Cuándo y de qué modo recuerdas el nacimiento de tu interés por esta disciplina?

Tomé algunos cursos cuando era chica, pero nunca me interesó demasiado; empecé a pintar en octubre del año 2015. En ese octubre, como en varios octubres a lo largo de la historia, algo pasó o algo se abrió. Tomé la especialidad de Pintura en el taller de Gonzalo Díaz, y previo a ello cursé un electivo de pintura con Andrés Bortnik, de quien aprendí muchísimo. Tenía harto entusiasmo y pocas expectativas, solo quería pintar con barrito. Me gustaba mucho la materialidad barrosa del óleo (de niña al parecer no jugué con tierra lo suficiente), su deslizamiento, su transparencia tanto como su gravedad. Tuve una especie de enamoramiento, por decirlo de algún modo cotidiano. Lo complejo es seguir trabajando en esa relación hasta hoy.

En 2017 te recibiste de pintora mediante la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, ¿qué pudieras contarnos sobre tus años de formación?

Pasé por varios talleres y estuve la mayoría del tiempo dando “coces contra el aguijón”, por desorientada, inmadura e inconstante. Pero ya en el taller de pintura mi creación fue provechosa: compartíamos mucho con mis compañeros del taller, conversábamos, veíamos libros e imágenes en conjunto, probábamos colores (llegamos al “negro abisal”): pintábamos, en lo amplio de la palabra. Mi formación fue poco formal, porque lo que aprendí lo aprendí en el casino, almorzando con otros estudiantes, en el trayecto a la universidad mientras conversábamos en la micro, o viendo el trabajo de mis otros compañeros. La formación de un artista es rarísima y compleja, es irregular, nunca termina y no calza con el sistema educativo y económico. La colectividad es fundamental y hubiese querido tener más momentos de talleres abiertos. Cuatro años nunca son suficientes para construir los cimientos de la obra de un artista. Puedo decir que egresé justo cuando recién empezaba a entender algunas cosas de la pintura.

 

 

Eres parte del colectivo “La Farmacéutica Nacional”, nos gustaría saber un poco más sobre tu participación en este espacio.

“La Farmacéutica Nacional” la componemos tres artistas visuales y una actriz. Buscamos por medio de nuestras disciplinas poner en evidencia el negocio de la enfermedad, cuestionarnos de qué se enferma nuestra sociedad y cómo podríamos llegar a ofrecer “La Solución”. Llevamos aproximadamente un año investigando y estructurando nuestro colectivo. No tenemos roles específicos, pero en este período he colaborado a distancia, pues no he podido participar en las intervenciones públicas debido a mi viaje a Berlín. Como colaboración, escribí un texto llamado “Cuaderno de Berlín: las dulces promesas”, que tiene que ver con la enfermedad de la melancolía y que espero pronto poder publicar.

En algunas de tus obras se vislumbran distintas perspectivas y miradas, como ocurre en la serie ‘Trampa para pájaros’. ¿Es una forma que te gusta explorar frecuentemente?

Diría que sí. No tengo un modus operandi determinado, pero la mayoría de las veces me interesa trabajar con series y a partir de un grupo de imágenes en las cuales sea reconocible algún elemento, una especie de punctum en común. En el caso de la serie Trampa para Pájaros, eran fotografías de la revista “Lo que Chile está realizando, 1965 – 1968”, cuyo contenido daba cuenta de algunas reformas y avances en materias industriales y sociales durante el gobierno de Eduardo Frei.

En tu web dices que tu trabajo es un ejercicio pictórico sobre materiales en condición de residuo, utilizando fotografías o recortes de diversas procedencias como modelo o referente visual, ¿a qué atribuyes el interés por indagar esta forma?

En cuanto a las fotografías y recortes, me interesa la afinidad de las imágenes unas con otras y cómo éstas pueden llegar a ser activadoras de recuerdos o imaginarios en olvido. Pintar sobre materiales en condición de residuo tiene que ver con un tipo de resistencia material de la pintura: ¿será esta superficie pintable?. Pienso que es una reflexión sobre las posibilidades y limitaciones del óleo, cuánto abarca, cómo se comporta sobre determinadas superficies, provocación y reacción. Pintar sobre tales tipos de superficies también involucra la disposición corporal de quien pinta, pues requiere cierta fuerza y soltura, a veces similar a la de un bailarín. Un ánimo de pintura.

Parte de lo autobiográfico rodea tu obra, tanto en la pintura como en la escritura que bordea los cuadros, ¿cómo nace la idea de esta fusión o complemento?

La biografía, si se trabaja con la distancia necesaria y sin sentimentalismos, puede llegar a convertirse en un importante motor de trabajo. Por ejemplo, las fotografías de infancia son un archivo que la mayoría posee, y me atrevo a decir que varios pintores que conozco, me incluyo, hemos pasado por ese archivo, usándolo como modelo pictórico.

Rescato algo que mencionaba Adolfo Couve, el pintor de la economía de medios (también varios pasamos espiritualmente por Couve): buscar lo universal en lo particular. A nadie le importa tu historia de vida, sino reconocerse en ella. Las imágenes debieran ser activadoras de otras, como una cadena o un mapa, una cartografía de imágenes.

Por otra parte, desde hace poco estás viviendo en Berlín, ¿cómo te va tratando la ciudad? ¿Qué puedes decir sobre tus pasos aquí?

Berlín es una ciudad inmensa, activa, pero solitaria. Es pura melancolía. Tiene mucho por ofrecer y te estimula en exceso, a la vez que se muestra silenciosa y como fotográfica, dan ganas de salir con cámara, papel y lápiz en mano. Berlín la siento como una ciudad para escribir. Me quedo con sus panorámicas de riachuelos, de edificios inmundos y objetos dejados a la suerte de la intemperie. La escena mugrienta la encuentro sumamente estimulante. Mis pasos hasta ahora han sido más bien tropezones, pero aquellos momentos límite son a veces los más apropiados para la creación.

A propósito de tu estadía en Berlín, ¿qué lugares te gusta frecuentar y explorar?

Me gusta mucho la Gemäldegalerie, en especial la pintura medieval alemana y una Venus de Botticelli sobre fondo negro, es una pintura que no he podido sacarme de la cabeza. También me gusta ir a las bibliotecas, a los mercados de antigüedades y a los parques. Me gusta observar las personas. Ahora el clima está mejorando y empiezo a aprovechar el balcón para sentarme a leer. De a poco estoy empezando a insertarme en el circuito artístico, asistiendo a exposiciones y conferencias.

¿Proyectos a futuro?

Tengo algunos proyectos relacionados con pintura en Chile para el próximo año, que se están empezando a gestar. También están las colaboraciones con “La Farmacéutica Nacional” y otros proyectos de escritura que me tienen muy motivada.

 

Links:

Su instagram: https://www.instagram.com/krasnavukasovic/

Su web: https://www.krasnavukasovic.com

 


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