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ACTUACIÓN ~ Laia Álvarez: «Durante un intercambio me enamoré de Berlín»

En esta nota de SOMOS BERLÍN PRESENTA, te traemos a la barcelonesa Laia Álvarez, periodista que decidió cambiar de oficio para encontrar la felicidad a través de la actuación.

Foto: Katharina Ira Allenberg

Nos gustaría que nos cuentes sobre dónde creciste, ¿cómo fueron esos años y qué recuerdos tienes respecto a tu profesión?

Crecí en Barcelona, la ciudad donde pertenece la mitad de mi alma, y la que es ahora una de las dos ciudades donde vagabundeo. Creo que mi infancia no fue mejor ni peor que la de nadie. Ni estoy traumada (al menos no más que otras), ni desde pequeña estaba fascinada por el cine, que yo recuerde. Aunque tengo que admitir que tengo mala memoria. Bien, para eso de aprender textos soy bastante buena. Creo que es porque iba a la escuela donde mi madre trabajaba, y como yo era “la hija de”, me refugiaba en casa aprendiendo poemas y canciones para demostrar que si yo sacaba buenas notas, era porque yo lo valía. No porque mi madre fuera maestra. Y sí, creo que para muchos fui la empollona.

Con formación en Periodismo en la UAB, de Barcelona, ¿qué te hace decidirte por la actuación?

La envidia. Trabajé durante años para una revista sin estar feliz. Lo único que me gustaba era cuando me hacían viajar para escribir artículos. Durante un intercambio en la universidad de las artes en Berlín me enamoré de la ciudad, pero también de alguien. Y ese alguien empezó a estudiar arte dramático. La primera vez que le vi actuando sentí que yo quería estar ahí, en ese escenario, y no entrevistando a empresarios para que vendieran sus aburridos artículos. Esa noche fue precisamente la noche en que murió mi abuela, la madre de mi padre. Mi padre trabajó durante más de 40 años en algo que odiaba. De pequeño había tenido que ponerse a trabajar porque su padre estaba enfermo y no logró jamás hacer lo que quería, que era ser piloto. Una vez, mi padre me dijo que hiciera lo que quisiera. Que él no había podido estudiar lo que quería, pero que yo sí podía hacerlo. Creo que gracias a eso reuní el valor para aparcar mi profesión de periodista y aplicar para la escuela de teatro.

Luego te graduaste en Arte Dramático en Berlín, ¿cómo fue esta experiencia de aprendizaje?

No fue fácil. Y, justamente por eso, increíblemente interesante. Cuando llegué a Berlín por primera vez no sabía más que pedir un café. Empecé a trabajar en una cafetería. En mis días libres aprendía las declinaciones y, por las noches, miraba películas en versión original hasta que me estallaban los ojos. Me enamoré de Marlene Dietrich en “El ángel azul”, y de las “Las amargas lágrimas de Petra von Kant”, de Fassbinder. Luché hasta que conseguí entrar en la escuela de teatro. Estudiar interpretación en una lengua extrangera fue el reto más grande de mi vida. Por una parte, descubrí que la actuación no depende de la lengua que hablas, sino de lo que transmites. Por otra, me di cuenta de que la lengua madre se lleva muy adentro, en las entrañas. Que existen dos mundos entre decir “Madre” o decir “Mutter”, y que eso no cambiará nunca.

¿Cómo describirías tu pasión por la actuación?

No sé si es una pasión o una necesidad. Creo que la actuación se convirtió en una droga para mí . De hecho, en una muy peligrosa, porque creo que una vez que has entrado, no puedes salir jamás. Y si lo haces, los efectos colaterales pueden ser devastadores. Yo no fumo. Tampoco bebo demasiado. Una copa de vino o un gin tonic de vez en cuando para alegrar el espíritu. Pero nunca llegué a tomar drogas duras. Quizás es por eso que no concibo una vida sin la actuación, al igual que ningún fumador puede imaginarse un café sin su cigarrillo.

 

Videobook

Como espectadora (no actriz), ¿qué te conmueve de la actuación?

Creo que es casi imposible separar el rol de una actriz con su rol como espectadora. Es como pedirle a un doctor que deje de examinar a su hijo enfermo.
Pero me conmueve todo aquello que viene del corazón. Generalmente, y como bien decía uno de mis maestros, existen dos emociones que puede despertar una obra: interés o aburrimiento. Cuando una actuación me despierta  interés, suelo preguntarme por qué, con el fin de poder aplicarlo a mi técnica. Ahora bien, si algo me interesa y a la vez me conmueve, suelo investigar sobre el elenco, y a menudo me encuentro con lo mismo. Las actuaciones que me conmueven suelen venir de vivencias muy personales. Lo que me demuestra que, para llegar al corazón del espectador, hay que partir del corazón.

¿Qué sensaciones buscas experimentar a través de la actuación?

Creo que lo mismo que la mayoría. Como muy bien dijo la directora de casting Luci Lenox, «A todas las actrices y actores nos encanta llorar, gritar, odiar, amar…y cuando lo hacemos, lo hacemos con toda nuestra voluntad, con todo nuestro ser, como lo hacen los niños… Somos capaces de montar un drama por perder unas llaves, al igual que un niño de tres años lo hace por no poder comer helado. Y en el fondo, nos encanta, pues esa es la manera que tenemos de percibirnos a nosotros mismos. Lloro, luego existo.»

Quisiéramos que nos cuentes sobre tu faceta como escritora, ¿cómo surgió?

Con 18 años fui a mejorar mi inglés a Londres. Viví los atentados de 2005 muy de cerca, y cuando volví a Barcelona, mi abuelo había fallecido. Por primera vez en mi vida tenía miedo a la muerte. Fui a visitar un psiquiatra porque tenía ataques de pánico y él me recetó ansiolíticos. Le miré fijamente, y sonriendo le dije: -gracias, pero no. Después visité a un psicólogo. Me cobró 50 euros la hora por decirme que los fantasmas no existian ́. Pero sí, los fantasmas existen, y están en nuestras cabezas. Yo quería sacarlos de ahí, y empezé a escribir. Y así fue como la escritura me ayudó a salir de la crisis. Y eso es lo que sigo haciendo.

Foto: Fabian Pape

¿Qué pudieras adelantarnos del guion que estás escribiendo sobre el mundo Networking?

De momento puedo adelantaros que este es uno de los temas que se tocan en el guion, pero no el escencial. La protagonista de la historia es una actriz de Barcelona que lleva mucho tiempo en Berlín, y tras una pausa maternal pretende retomar su carrera profesional, adentrándose en el interesante mundo del networking. No solamente se encontrará con la dificultad de ser madre y extranjera, sino que tendrá que luchar con su marido para defender sus intereses, y en definitiva, luchará por lo que muchas madres hacemos: por nuestra propia identidad. Ich bin Greta (este es el título de trabajo) nace inspirada en la película ́Julia ist ́, de Elena Martín. Después de verla me pregunté qué sería de Julia, la protagonista, si se hubiera quedado en la ciudad donde llegó de intercambio, y hubieran pasado muchos años. Me pregunté: ¿Qué es de las nuevas generaciones de Erasmus que han decidido dejar sus familias, sus amigos, su cultura y su lengua para quedarse en otro país que no es el suyo, y ahora llevan allí más de una década? Quizás han formado una família, pero ¿son felices? ¿Luchan por serlo?

Esa es la historia que nadie me explicó. Y esa es la que yo quiero contar.

Por otra parte, conoces Berlín desde hace 10 años, ¿qué lugares te gusta frecuentar y explorar?

¡Soy una amante del tango! Y como en Barcelona no tenemos cultura de tango, cuando estoy en Berlín aprovecho para frecuentar las milongas. Aunque muchos no lo crean, Berlín es la segunda capital del tango después de Argentina. Cada noche hay como mínimo dos o tres milongas. Me encanta. En Berlín tengo un bailarín, Sascha. Los dos somos los frikis de la pista. Pero todavía busco un bailarín en Barcelona para cuando termine el confinamiento… ¿Algún interesado?

¿Proyectos a futuro?

De momento tengo todos los rodajes en stand by por el tema del Coronavirus. Aún así, intento ser positiva. De momento se van moviendo algunas “cosillas”, de las que todavía no puedo hablar. Además, la película “Der gute Bulle”, para la televisión pública alemana ZDF, para la que rodé hace poco, deberá presentarse próximamente. ¡Espero que llegue a algún festival! Ha sido todo un placer trabajar con Lars Becker. Entre otras cosas, Lars contribuye a normalizar el trabajo de actores y actrices con trasfondo migratorio. Desafortunadamente, esta no es una práctica muy extendida en la industria. Todavía nos queda mucho que recorrer.

 

Portada: Fabian Pape


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