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ARTÍCULO ANALÍTICO ~ Éxitos y fracasos, en la pandemia y en la vida


En este artículo analítico, el Dr. Jorge Alberto Albin (Médico Especialista en Psiquiatría y Psicología Médica) examina el fenómeno psicológico y social que atravesamos, a consecuencia del Covid-19.

 

Por Dr. Jorge Alberto Albin.

 

Estos conceptos equidistantes, que guían muchas de nuestras acciones, están puestos en cuestionamiento por el fenómeno de la pandemia. Gobiernos y organizaciones, medios y personas, estamos pendientes de los éxitos, pero estos parecen transitorios e inconstantes. Ensayamos disciplinas y controles. Nadie se equivoca ni fracasa en esto que estamos viviendo. Marchas y contramarchas. Aciertos y desaciertos. Errores y logros conviven actualmente ante lo inabordable del fenómeno pandemia. Vivimos hoy en día en esa zona gris del intento, sin seguridad del resultado.

Sin embargo, el fracaso y el éxito, como acontecimientos donde se juegan el “todo” o “nada”, ya no existen como tales. Son relativizados por el Covid-19. Fracasos que se asemejan a logros, y logros que parecen fracasos. En este momento, equivocarnos, errar, caer, nos interpela a levantarnos y seguir intentando. Un nuevo, o reactualizado, valor social está naciendo. Un nuevo valor que nos enseña que el paradigma exitista-meritocrático está mutando, cambiando hacia quizás una concepción más realista y abarcadora; hacia una concepción que nos convoca a ser resilientes. Una realidad que ya no nos juzgará por nuestros éxitos o supuestas capacidades, sino por nuestra voluntad de seguir dando pelea.

En muchos sectores de nuestra cultura, aún perdura la visión de que el éxito equivale a un “no haberse equivocado”; a un “haber hecho las cosas bien”, a un “merecer”. El error o la falla son sinónimos de incapacidad o falta de mérito. Muchos de nosotros sufrimos por el temor a equivocarnos o a fracasar, si es que puede llamarse “fracaso”, claro, al no haber cumplido con ciertas metas socialmente preestablecidas. Tememos ser juzgados de ese modo tan cruel e impiadoso, tan adulador de los “ganadores”. Y ser “exitosos” se convierte siempre en un objetivo, ya sea de modo consciente o inconsciente.

Pero el error, la falla, está en nuestra misma esencia. Y aún así, en nuestro inconsciente colectivo aparecen el error, la equivocación y la transgresión como condenatorios: pasibles de sanción y de rechazo.
La pandemia del coronavirus nos enfrenta a dejar atrás estos falsos dilemas. El mito dualista “éxito-fracaso” se quiebra frente a la conmovedora realidad de nuestra cotidianeidad amenazada. ¿Cuántas de nuestras cavilaciones y mortificaciones tienen raíz en medirnos a nosotros y a los demás con la vara del éxito o el fracaso?Como psicoterapeutas, en nuestro quehacer diario, asistimos frecuentemente a estas preguntas: ¿Cuánto y en qué me he equivocado? ¿Cuáles son las cosas que tengo/tienen, falladas o erróneas? El grado de sufrimiento que presentan los pacientes que asisten a los servicios de salud mental es considerable, y muchas veces debido a estas vivencias exitistas y cuestionamientos dicotómicos.

Muchos empezamos a valorar los no-logros. Todas aquellas hojas hechas un bollo de papel y arrojadas a la basura, todos aquellos ensayos descartados, los diagnósticos desacertados, las sinfonías inconclusas. Todos ellos son catalizadores de desarrollos futuros. Son parte del camino.

Pero más allá de todo ello, las filosofías orientales, las religiones tradicionales y el arte en diversas formas aluden a la fragilidad, a la vulnerabilidad y a la inexactitud de muchas de nuestras conductas como seres humanos, a la par que consideran que dichas condiciones son los motores de nuestro desarrollo. Es  un lugar común hablar de aprender de los errores. Pero debemos dar un paso más. Los sistemas biológicos como nosotros funcionamos en la inter-fase entre el caos y la organización. El desorden generado en el sistema por un estímulo posibilita una reorganización del todo. De este modo, dinámicamente se transita de la entropía (desorden del sistema) a su nuevo orden, y continuamente se reproduce este fenómeno de organización-desorganización-nueva organización. En esta dinámica se basa justamente el proceso del aprendizaje, la plasticidad y la resiliencia que nos caracteriza como seres biológicos pensantes. No basta con tan solo formular que “aprenderemos de nuestros errores”; sino que deberemos practicar una real reorganización y readaptación al continuo, y cada vez más acelerado, cambio de la realidad que nos circunda.

Así, muchas veces nos tienen acostumbrados a creer que el “orden”, la estabilidad económica y laboral, es igual al logro; mientras que el “desorden”, o la inestabilidad en nuestras vidas, es igual a la equivocación. Sin embargo esto es falso: en general, todo es un fluir, todo es dinamismo y cambio.
Este proceso se evidencia en nuestras experiencias personales más íntimas, donde confluyen el caos y la desolación, pero al mismo tiempo emergen recursos propios que desconocíamos. Solo a partir de ello, surgen aprendizajes profundos y sanadores.

Ahora bien, la situación mundial actual nos está planteando un gran estímulo para nuestros sistemas biológicos, psicológicos y sociales. ¿Podremos ser capaces de admitir nuestra falibilidad esencial y permitirnos así salir del juicio y la condena, del “pulgar arriba” o del “pulgar abajo”? Si pudiéramos ser conscientes de que vivir es un proceso de ensayo y error, esto nos permitiría evitar entramparnos en falsas dicotomías exitistas.
Virus de por medio, individuos, comunidades e instituciones ahora ensayan, buscan, prueban nuevos caminos. Nadie fracasa ni es exitoso. Solo se trata de un ejercicio que venimos haciendo los seres vivos desde que el mundo existe: adaptación y cambio.

Después de todo, como nos enseña el pensamiento oriental, no hay opuestos, sino complementarios: el éxito y el fracaso son lo mismo, son dos caras de la misma moneda del fluir.
Esta pandemia nos propone entonces reformular algunos viejos paradigmas. Nos propone apreciar, y no juzgar, el entramado complejo de ensayos y errores, de logros y equivocaciones, que nos constituye.

¿Estaremos preparados para juzgar menos y ser más comprensivos con nosotros mismos y con los demás? ¿Lograremos enfocarnos en lo que creemos correcto, de acuerdo a lo realmente valioso para nosotros y para nuestro entorno bio-psico-social? ¿Dejaremos de lado la mera lucha por el éxito y el poder, para ser simplemente atentos y respetuosos de los procesos vitales de cada uno y con cada quién?
La respuesta positiva a dichas preguntas será el camino para construir un mundo más humilde, más abierto a equivocarnos, a levantarnos y a seguir adelante.
Hacia allí vamos.

 

Sobre el autor:

Dr. Jorge Alberto Albin. Nacido en Buenos Aires, el 15 de Junio de 1953. Médico Especialista en Psiquiatría y Psicología Médica. Máster en Psicología Cognitiva. Máster en Neuro-psicofarmacología. Director Médico de Comunidad Terapéutica Hogar San Ignacio. Miembro del staff de Planearte.

 


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